En realidad éste ha sido cortado por el silbido de una marmota vigilante cuya silueta se yergue o se bambolea sobre una peña. En el fondo del valle he recordado una tranquila manada de sarrios entre los neveros de primavera. Por el cielo pasa una bandada de chovas a su aire, algo más lejos da giros majestuosos una pareja de buitres y muy alto, como le corresponde, vigila el mundo un quebrantahuesos. Entre las piedras y los prados saltan colirrojos y collalbas.

Éste es su pequeño reino. Los prados en la última primavera tenían narcisos y sobre las rocas grises resaltaban los fuertes colores de las prímulas. He visto gencianas más tarde; he gozado hoy con los crocus y los quitameriendas preotoñales, he comido arándanos mientras subía. Ando entre praderas, aguazales, rododendros, algún enebro y he reconocido, sobre las paredes del circo, el perfil de un pino negro al que he llegado a considerar un viejo amigo.

He atravesado gleras, torrentes, morrenas y rellanos. Hasta el pequeño islote en el lago otorga al paisaje una referencia de lo intocado. Todo es reducido, cercano y completo y el ambiente de naturalidad resultante alcanza un punto excelente. Todo está reunido en un compendio de los símbolos naturales y antiguos, cada vez más perdidos, del Pirineo. Todo rezuma el don cada día más preciado del mantenimiento de la naturalidad del paisaje.

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Situados en la parte más alta de O´s Faballones esta seria la vista. En el fondo el Pic D´Aneou, por debajo, el collado de la Canal Roya, bajado a la derecha el Rincón de Espelunciecha, toda la parte izquierda de la fotografía es la base del pico Cuello de Espelunciecha, de 2397 m.

Pero abajo, a lo lejos, se mueven dos figuras que toman medidas con aparatos y plantan estacas para jalonar el paso de carretera y remontes. La amenaza me duele como una herida. De pronto los hechos me recuerdan que estoy diciendo adiós a Espelunciecha. Sé que los lugares permanecen, pero que sus paisajes cambian. Es de su paisaje del que me estoy despidiendo, es decir, de la sustancia de este lugar. Proyectos más amantes de los valores de la montaña y menos del rentabilismo guardarían como un bien complementario de calidad tal paisaje.