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¿Es tanta la insensibilidad del dinero? Si el resto de esta gran ladera puede dar satisfacción cumplida a los que propugnan su aprovechamiento empresarial ¿no existiría una posibilidad de perdonar este rincón? ¿Habrá quien entienda que el modelo de esta industria, inevitablemente agresivo siempre, debería ser compensado de modo automático, aunque fuera parcialmente, con la salvaguarda simultánea de espacios como éste, donde permanezcan íntegros los auténticos escenarios de la montaña, espacios que cada día se buscarán más porque serán más escasos y, por tanto, más valiosos?
¿Por qué agotar el paisaje hasta su límite y no dejar una muestra simbólica al menos? ¿Por qué es tan imposible a estos sectores económicos un acto de esplendidez? Al retirarme de la Rinconada de Espelunciecha ví subir por la senda unos niños que se maravillaron con admirable ingenuidad ante el pequeño ibón. Es por la continuidad de tal vivencia en esa generación y en las siguientes, es por la posibilidad de continuidad aquí de esa ingenua capacidad de maravilla ante la naturaleza del Pirineo, por lo que me he animado a escribir estas líneas de melancolía que hubiera preferido silenciar.
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